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Nowhere to run

Creo que por primera vez en mucho tiempo, los “queridos” Reyes Magos acertaron con su regalo. Pero mucho mérito no tiene, porque amenacé prácticamente con dura venganza si no recibía lo que quería. Pero que coñe, es que a penas nunca han acertado, y la carta con mis deseos se la pasaban por… bueno, que hacían lo que les daba la gana. Al principio, cuando era pequeña, supongo que querían estimular mi joven cerebro y no hacían más que regalarme juguetes educativos, pero ya siendo más mayor ya no había excusa posible. Muchas veces se les ha visto el plumero de que lo buscaron a última hora.

Como decía, mis ligeras amenazas a lo capo de la mafia italiana dieron sus frutos, y estas últimas navidades, llegó a mis manos lo que llevaba tiempo deseando. Una cámara digital.Si, había tenido algunas otra antes, pero hasta las cámaras ordinarias de usar y tirar hacían mejores fotos que las que tenía.

Era de esperar que toda amenaza fuera acompañada con una venganza. Si es que solo a mi se me ocurre pedir una cámara rosa. Rosa era y tan rápido como la vi, casi me voy corriendo a cambiarla por otro pasteloso color porque tanta dosis de ñoñez y de tontería en un pequeño objeto electrónico se me podía atragantar. Todavía con el subidón de azúcar, decidí darle una oportunidad a la pobre, porque a pesar de que es fea y de aspecto de complemento de Barbie, si mi santo padre amante de la tecnología había accedido a pagar por eso, sería porque tendría un pase.

Y conmigo sigue, desde aquel 25 de diciembre del año pasado, siendo mi fiel compañera de salidas al mundo exterior. Porque no lo pensaba yo, pero ahora no salgo de casa sin mi pequeña y todo lo que me llama la atención, hasta las señales de tráfico, me gusta y lo fotografío. Aunque sean chorradas.

Pero he descubierto que el cielo es más azul de lo que lo ven nuestros ojos. Y me gusta que sea así.

Si. Estoy de un ñoño que no se puede ni mirarme. Pero es lo que hay hermanas…

Madrileñas, ¿Adivinais dónde he estado?

Untitled

Si es que me da rabia tener tantos descuentos de la Cuore y no gastarlos. Rabia me da que encima el 20% no sea acumulable a los 50% de promoción, como hicieron en navidades, y encima acaba el dia 29. La presión no es buena, y no se puede obligar al cuerpo a comprar algo sin estar totalmente convencida. Por supuesto, el monedero se cierra a cal y canto mirándote con ojos desafiantes, haciéndote recordar que todavía no ha acabado el mes, que a lo mejor te vas de vacaciones en semana santa, y te quedan por celebrar todavía un par de reuniones de viejos amigos que dejarán seca la visa.

Total, que cuando estaba en la cola de Blanco, con el vestido azulito de los pajarillos beige serigrafiados, mi pequeño monedero me ha dicho: “Pero qué estás haciendo??? Te lo probaste ayer y no te lo compraste. No tiene forro y hasta que no tengas las piernas dignamente morenas, no lo vas a estrenar.” Y así es. El hecho de no atreverme a ponérmelo hasta probablemente septiembre, cuando el grado de bronceado haya llegado a un punto aceptable da escalofrios. Para un bolsillo tan escaso como el mio, se hace duro pensar en comprarte algo que, seamos serias, no vas a estrenar hasta dios sabe cuando. Es frustrante comprarte algo y no poder estrenarlo al dia siguiente. Y no es lo mismo que las compras chollos de “para el invierno que viene”, no, porque eso es más bien una inversión de futuro. En este caso se trata de algo parecido a “me lo cojo en esta talla porque voy a adelgazar” y al final coge polvo en el armario.

Así que como decía, estaba yo en la mini-cola de Blanco, con el monedero temblando, saliendo del bolso damnificado (mañana os contaré), cuando una ráfaga de conciencia ha dado en mi débil cerebro, haciendo que dejara cual militar alienado, el vestido en su sitio, y a paso veloz, he huído hasta Primark.

Si. Posiblemente he comprado cosas mucho más sosas, pero más inteligentes. Al final, mi armario debería dedicarlo exclusivamente a universidad-wear que es lo que realmente calzo y dejarme de tonterías de vestiditos y taconazos, porque solo once-a-month tengo la oportunidad de lucirlos. Así que ahí me he plantado, en la meca del chonismo y el chollo, en el mercadillo con forma de centro comercial, dispuesta a encontrar cosas decentes a un precio que la conciencia monetaria no me diera patadas por las noches.

Y tengo que confesarlo. Me está dando ultimamente el ramalazo ñoño, con manguitas de niña buena, vestidos tipo baby y todo lo que tenga volantes me saluda con pancartas. Qué se le va a hacer. Yo creo que es un trauma de la infancia.

El caso es que me he vuelto con la conciencia más tranquila, y con unos básicos que realmente me hacían falta y no era caprichito. De paso, me he hecho fotos-prueba en el sucio espejo del probador  >_<

Ahorra nena, ahorra.

Bones

Desde que doy la asignatura de Biomateriales mi vida no es igual. Es de esas asignaturas que jamás pensarías que acabarías dando, pero que como es tan distinto de lo que estás acostumbrado a estudiar, hasta te gusta.

Cada vez que doy un paso, pienso en lo que me han dicho. Ahora bebo más leche, como más yogur, y si tengo taquicardias me mosqueo.

Porque mi vida no es lo mismo desde que se que los osteoblastos y los osteoclastos están en mi vida, y supongo que vosotros tampoco sabíais de su existencia. No me quiero poner friki-científica, pero es de las cosas más interesantes que llevo aprendidas este año.

Ahora se qué es la osteoporosis. He descubierto que los huesos es uno de los materiales más admirados por los estudiosos de los materiales. Los huesos como material estructural, como parte de la naturaleza que se admira por su sabiduría y su buena “hechura”.

Osteoblastos y osteoclastos, grandes hombres que forman parte de nuestra vida, ambos, dentro de los huesos. Actúan de sensores, según nos movamos más o menos. Los primeros, detectan si somos muy activos y si lo consideran necesario, fabrican más huesito, para que sean más gordos y soporten más nuestras alegrías y nuestros bailes. En cambio, al volvernos más vaguetes, los osteoclastos consideran que no necesitamos ese pepino de hueso, y se lo comen poco a poco hasta lo necesario.

Es un poco como el pacman, que se va comiendo los quesitos y nos da puntos. Y ahora todo tiene más sentido. Ahora entiendo porqué son tan coñazos insistiendo en que bebamos leche y hagamos ejercicio de pequeños.

Porque lo mejor para los huesos, según me han contado, es dar saltos o hacer movimientos digamos, irregulares, no uniformes.

Y es que no  todo iban a ser banalidades. La ciencia también mola, aunque sea en pequeñas dosis.

En cápsulas.

Y cuando estoy en clase, ya me duelen hasta las juntas de las articulaciones. Si es que tanto hablar de prótesis de cadera o pernos dentales no puede ser bueno.

Hairdress

 

Los humanos tenemos un serio problema de comunicación. De hecho, creo que nuestros problemas, vienen principalmente por ahí. Hay parejas que rompen por poca comunicación, amigos que se dejan de hablar porque no se lo cuetan todo, y yo me enfado porque los peluqueros no me entienden.

A veces pienso que quizá haya un dialecto distinto en Madrid, y que no es el que yo hablo, o que no uso las palabras adecuadas para describir lo que quiero. Así que un dia opté por llevar una foto. Y acabé con unas mechas que parecía Shakira después de haber estado encerrada dos años…

La última fue que quería que me cortaran capas, y no solo no me las cortaron, sino que acabé con un pico por detrás super chonil, y una largura que hace que me pese muchísimo el pelo y se me chafe. Y encima perdí mi pelazo largo largo que tenía antes de navidad.

Busco un Kevin Paves que se dedique a mi y me deje un pelo decente. No quiero un peluquero que tenga acentro francés, ni uno mariconchi, me vale una dominicana, sólo quiero que me haga caso, que si pregunto algo o que me aconseje, que no me engañe y que sepa entender lo que quiero. Quiero no salir de la peluquería con ganas de medio llorar. Y lo peor de todo es que llego a casa y me veo fatal y no he sido capaz de decirle nada a la peluquera.

Yo tenía una amiga que amenazó a la suya con que si no le hacía caso, no le pagaba. Y funcionó.

En el dentista se sabe que se va a sufrir, pero no debería ser así en el peluquero.

Por cierto, me voy a ir a la peluquería ahora mismo. Cuando vuelva os informo.

Que los dioses me protejan.

School days

rosa

Si el otro dia hablaba de la Encarta, hoy vengo a hablar del uniforme. El uniforme. Gran prenda escolar. Faldas plisadas de cualquier cuadro escocés imaginable, largos monjiles, indestructibles polos blancos, jerseys de lana para nada hipoalergénicos, leotardos que hacían bolitas, zapatos “Gorila” o náuticos “Snipe”…

Qué grandes aquellos dias cuando descubrías al sacar la ropa mojada de la lavadora, que tus calcetines rojos de uniforme habían tornado rosas los malditos polos. Malditos polos rosas que no quedaban más remedio que lucir de tal horrible tonalidad al colegio, hasta que te pudieras acercar con tu mama a El Corte Inglés y comprar otros. Qué caros eran los jodíos….

Pero lo más frustrante de todo era estar disfrutando inocentemente de tu infancia en verano, de tus 35 grados a la sombra, corriendo y marraneando en las colonias de verano con otros niños, disfrutando de lo bueno que es vivir y de cómo mola el tiempo libre hasta que todas las ilusiones se truncaban, de nuevo, al ir a El Corte Inglés. Casi a principio del mes de mayo, la sección de uniformes renacía y salía del subsuelo para provocar las peores pesadillas. En aquel momento, la cara de felicidad se volvía cara de espanto. Las posibles quemaduras veraniegas se convertían en una horrorosa urticaria, provocada of course, por causas psicológicas perfectamente conocidas….

MAMAAAAAAAAAAAAAA!! Ni se te ocurra acercame ese uniforme a la piel. Agggggggggggggggggggggg. Y todos salíamos corriendo asustados, de sólo plantearnos que en menos de un mes volveríamos al colegio. Y eso que era un mes de todavía diversión, se reducía inmeditamente en una semana de la angustia que suponía sólo el pensarlo…

Pero ahora, analizándolo friamente tampoco era tan horrible. Todos iguales, sin tener que pensar qué ponernos por las mañanas, sin sufrir colas en las rebajas, sin enfadarme porque fulanita se ha puesto el mismo vestido que yo para nochevieja… Todo era más sencillo, pero como en todo… you don’t know what you’ve got till its gone como decía Janet Jackson

 

Mis Ugg no están marranas. Lo juro…

Far far away

 

No hago más que ver fotos post-gala de los Goya y me horrorizo de lo horrible que es la alfombra roja española.

Para empezar, no es roja, es verde y tiene publicidad. Y para seguir, alguien las abduce para que se pongan modelitos horrorosos de diseñadores españoles. Y no es que tenga nada encontra de ellos, pero hay algo oscuro y bilateral en el asunto que no entiendo. Bilateral porque si son ellas las que eligen el vestido, porqué el representante o el propio diseñador no se niega a que tal estilismo salga a la luz? Y si el vestido lo ha elegido el estilista de la firma, por qué carajo ellas no se niegan a vestir y quedar tan adefesio? Es de esas cosas signas de llevar a Cuarto Milenio, porque no lo entiendo.

Es como si aquí se apagara el glamour. Como si todos se disfrazaran raro para salir en la tele. Como si a todos les diera igual todo, como si no quisieran ganar el premio…