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Been there, done that

 Cada vez más me preocupa mi dependencia al pc, y en general a internet. Me planteo cómo sería mi vida actual y la de todo el mundo si no existiera. De hecho, pienso, cómo puede vivir la gente sin él.

Recuerdo que cuando éramos pequeños y nos mandaban hacer un trabajo, todos tirábamos de Encarta, mítica, pero tenía el inconveniente de que el copy-paste era tan evidente que resultaba un desastre. Todos teníamos el mismo trabajo. Internet nos abrió todo un abanico de posibilidades, todo un mundo nuevo por descubrir, e infinito, donde la ley del mínimo esfuerzo, con un poco de esfuerzo, no era tan cantosa, el problema, es que corres el riesgo de que tu información recopilada no sera fiable…

Pero a lo que iba, creo que si no fuera por internet, muchos de los amigos que tengo ahora, no los podría haber podido conservar. Tal ritmo de vida llevamos todos, que al salir del colegio o al acabar los cursos de la universidad, nos hubiéramos acabado perdiendo el contacto, en cambio un email puede salvar todas las distancias. Tengo amigos que incluso no he visto en persona, esto antes era posible sólo con “pen pal” famoso, que nos proporcionaban en clase de inglés, y que en el fondo era una mezcla de cita a ciegas o un compro amigos porque eso era un sorteo, y encima tenías que pagar. Recuerdo que tuve un amigo griego, George Economou o algo así. Ël se lo curraba un montón, me mandaba cartas en un papel chulísimo. Una vez incluso me mandó un billete griego, y yo le mandé otro. Lo malo fue, que en aquel tiempo había pesetas, y lo mínimo eran 1000 pts como recordaréis, así que la bromita del griego me salió por un pico. Ahora no lo habría hecho ni loca.

Herramientas como Facebook o Tuenti incluso me han hecho retomar el contacto con gente de mi primer colegio incluso, gente perdida totalmente que sigue existiendo y que se acuerda de ti. Les añades, no les hablas, pero te hace ilusión saber de ellos. Pero lo que más nos  gusta a todos es ver el nivel de estupidez al que pueden llegar algunos. En el fondo nos encanta cotillear y ver como aquel niño bueno se ha convertido en un modernito insoportable, o la niña gordita de clase ahora está hecha una modelo, o fulanita se ha echado novio, o Rita se ha ido de Erasmus y no volverá. Es gracioso ver lo que te planteabas antes como sería, es como ver el futuro que te imaginabas en el pasado.

Como todo, supongo que saca lo bueno y lo malo de nosotros. Dicen que de un tiempo a esta parte, la fotografía ha sufrido un crecimiento exponencial, y la verdad es que estoy de acuerdo. Ahora hasta el más tonto tiene una Reflex, cuando antes nos conformábamos con una compacta rancia, incluso sin flash de carrete de 35 mm, con la que corrías el riesgo de que al volver de la excursión o el viaje, se te hubiera velado el carrete por no saber ponerlo bien. O justo en todas las fotos sales con el ojo pipa y no hay manera humana de volver a repetir ese instante. De todos modos, las máquinas de usar y tirar no estaban nada mal.

Y luego se me ocurre enseñarle a mi padre lo de Poladroid y le parece una ofensa. “Hija, antes llorábamos por conseguir una foto buena, con calidad, y colores buenos y odiábamos la Polaroid por lo cara que era y la m**** de fotos que hacía, y ahora me llegas tu, que te gustan las fotos estropeadas… no os entiendo”. Yo tampoco, pero lo retro está de moda.

Me gusta que los profesores me manden los apuntes por email.

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