Archivo de la categoría: Adquisiciones

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Si es que me da rabia tener tantos descuentos de la Cuore y no gastarlos. Rabia me da que encima el 20% no sea acumulable a los 50% de promoción, como hicieron en navidades, y encima acaba el dia 29. La presión no es buena, y no se puede obligar al cuerpo a comprar algo sin estar totalmente convencida. Por supuesto, el monedero se cierra a cal y canto mirándote con ojos desafiantes, haciéndote recordar que todavía no ha acabado el mes, que a lo mejor te vas de vacaciones en semana santa, y te quedan por celebrar todavía un par de reuniones de viejos amigos que dejarán seca la visa.

Total, que cuando estaba en la cola de Blanco, con el vestido azulito de los pajarillos beige serigrafiados, mi pequeño monedero me ha dicho: “Pero qué estás haciendo??? Te lo probaste ayer y no te lo compraste. No tiene forro y hasta que no tengas las piernas dignamente morenas, no lo vas a estrenar.” Y así es. El hecho de no atreverme a ponérmelo hasta probablemente septiembre, cuando el grado de bronceado haya llegado a un punto aceptable da escalofrios. Para un bolsillo tan escaso como el mio, se hace duro pensar en comprarte algo que, seamos serias, no vas a estrenar hasta dios sabe cuando. Es frustrante comprarte algo y no poder estrenarlo al dia siguiente. Y no es lo mismo que las compras chollos de “para el invierno que viene”, no, porque eso es más bien una inversión de futuro. En este caso se trata de algo parecido a “me lo cojo en esta talla porque voy a adelgazar” y al final coge polvo en el armario.

Así que como decía, estaba yo en la mini-cola de Blanco, con el monedero temblando, saliendo del bolso damnificado (mañana os contaré), cuando una ráfaga de conciencia ha dado en mi débil cerebro, haciendo que dejara cual militar alienado, el vestido en su sitio, y a paso veloz, he huído hasta Primark.

Si. Posiblemente he comprado cosas mucho más sosas, pero más inteligentes. Al final, mi armario debería dedicarlo exclusivamente a universidad-wear que es lo que realmente calzo y dejarme de tonterías de vestiditos y taconazos, porque solo once-a-month tengo la oportunidad de lucirlos. Así que ahí me he plantado, en la meca del chonismo y el chollo, en el mercadillo con forma de centro comercial, dispuesta a encontrar cosas decentes a un precio que la conciencia monetaria no me diera patadas por las noches.

Y tengo que confesarlo. Me está dando ultimamente el ramalazo ñoño, con manguitas de niña buena, vestidos tipo baby y todo lo que tenga volantes me saluda con pancartas. Qué se le va a hacer. Yo creo que es un trauma de la infancia.

El caso es que me he vuelto con la conciencia más tranquila, y con unos básicos que realmente me hacían falta y no era caprichito. De paso, me he hecho fotos-prueba en el sucio espejo del probador  >_<

Ahorra nena, ahorra.

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Stuck

Is it too cool for school?

cazadora

Hay dias que no tengo mucho que decir.

 

Y mejor callar que decir tonterías…

 

¿Habéis gastado el vale de la Cuore? Me gustan tantas cosas que me da pena usarlo y arrepentirme. Y la economía tampoco está para tirar cohetes. ¿En qué lo invierto?

 

DIY

Qué gran poder el de los Outlet.

Es de esos sitios a donde tienes que ir con la mente abierta, paseando, sin esperarte encontrar nada y entonces lo encontrarás. Yo solo me paré allí y a comer para estirar un poco las piernas antes de que fuera la hora de clase. Lo habían reformado, buena señal.

Que la zona de taras no suponga una zona prohibida para vosotras. A lo mejor os pasa como me pasó a mi, que me encontré con el vestido que llevaba bucando todo el invierno y más en la rebajas. Encima en todas las tallas. Pero todos con la cremallera rota. Hasta ahora para mi, una cremallera rota era un inconveniente e instantáneamente desechas esa prenda y sigues buscando. Pero yo no podía dejarlo allí, lo llevaba buscando mucho tiempo, y estaba muy muy barato. Además pensé, qué coñe, si quiero ser una supermujer independiente, debo aprender a arreglar cremalleras. Me lo llevo y de lo malo, te vas a la Retoucherie.

Si os lo planteais bien, una cremallera rota es el menor de los problemas dentro de las taras. Hay prendas con auténticos desgarrones que encima se atreven a venderlo a más de 1 euro y eso solo te puede valer para trapos, no lo entiendo. Pero una cremallera rota es simplemente, que un lado ha dejado de estar en su carril.

Y así fue, con tan sólo descoser un  poco el extremo, juntar las puntas y tirar para que se enganche, vestido nuevo y cremallera arreglada.

Ese dia marcará un antes y un después en mi visión hacia los Outlets. Ahora me fijaré más en la cremalleras rotas, aunque sean cremalleras ocultas de esas puñeteras. Me gusta el bricolaje joe.

Y para mejorar el día, encontré un LBD bastante majo e intemporal por 1,95. No me pude resistir. La tela es débil y justo en ese momento llevaba suelto ¬¬.

 

 

Pero para conseguir la supremacía en vuestra autosuficiencia, debéis conquistar el “stage” de saber apañar un poco pantalones y vestidos que os queden grandes. Míticos dobladillos cabroncetes que se arrastran y que en estos años del pitillo, aunque sea muy grunge, no queda bien que arrastre. O ese vestido que aunque te lo compres en la 32, te sobra 20 cm de largo y 30 de ancho y algo hay que hacer. Aguja e hilo.

Muy importante, nunca cortar. Yo hasta ahora no me había equivocado nunca con las medidas a la hora de acortar un vestido, hasta que el puñetero vestido baby de tartán de Blanco se rebeló contra mí. Si, era ponible, pero la acción de agacharme o asomarme, me resultaba imposible sin enseñar las vergüenzas, y creedme que por mucho “DEN” que llevéis en las medias, nunca se podrá evitar lo inevitable.

Pero fui lista. Y no corté. Así que saqué mi arma mágica. El dobladillo express. Lo fijé unas rayas más abajo del tartán, plancha en mano y tachaaaaan, vestido decente listo para ser usado.

Ahora que alguien me saque a pasear, que tengo que reestrenarlo.

The time is now

Soy tan fácil de enmarronar… A veces me sorprendo a mi misma de lo facilona que soy con algunas cosas, me dejo engañar, me nublan la vista, y me endiñan lo peor que te pueden endiñar.

Sin comerlo ni beberlo y con un mes de antelación me han invitado a una boda. De un familiar. Y de la noche a la mañana, me he convertido en la encargada de la música. Técnicamente estaré de “Disc-jockey” del evento, pero a niveles prácticos, seré la “tonta del bote”, porque nadie en su sano juicio acepta una labor como esa. Ya para empezar, la boda va a tener un tufillo raro. Es en un convento rehabilitado como hotel, y la ceremonia se celebrará en una especie de bodega raruna, y será por lo civil. Después del casamiento, se subirán unas escaleras y se servirá la copa en una especie de mini-capilla, y finalmente, la comida, se dará en el claustro, donde para mi gusto, era el sitio para celebrar la ceremonia. Cuando todo el mundo esté lleno y chuzo, se bajarán de nuevo a la bodega, donde lo habrán habilitado para el “baile”.

Insisto que ya de por si, la historia va a dar que hablar porque me da miedo pensar en el trajín de la boda y las abuelillas subiendo y bajando las escaleras. Pero el gran marrón está que a servidora, le toca poner toooooooooda la música del evento, ceremonia incluida. Tengo música para que se sienten los invitados, para que entre la novia, para que entre el novio, para que hablen los testigos, para que firmen, para que se vayan… De hecho me he tenido que comprar unos walkie-talkies para que alguien me vaya avisando de cuando entran los protagonistas. Desde que supe la “gran” noticia no hago más que tener en mi mente la imagen de Jennifer López en The Wedding Planner y me dan escalofríos, con pinganillo y carpeta con la lista de invitados incluida. Ayudenme…

A todo esto, los medios sin limitadísimos. Un “bafle” rancio que pone el sitio, y yo tendré que llevar mis dos iPod, que recemos para que no fallen, una mesa de mezclas y supongo que un tabletpc por si la cosa se pusiera oscura. Y por cierto, no hemos ensayado… Lo peor de todo es que he invertido en la bombonera de Zara carísima de nueva temporada y con tanta tecnología a mi alrededor no lo voy a poder lucir…

Se me olvidaba comentar que la música de la ceremonia será en tono medieval, andalusí, sefardí y la comida ambientada en Versalles. Para ya poner el broche final, el baile, será con Barry White…

Que alguien me salve de esto por favor. El lunes ya os cuento

Been there, done that

 Cada vez más me preocupa mi dependencia al pc, y en general a internet. Me planteo cómo sería mi vida actual y la de todo el mundo si no existiera. De hecho, pienso, cómo puede vivir la gente sin él.

Recuerdo que cuando éramos pequeños y nos mandaban hacer un trabajo, todos tirábamos de Encarta, mítica, pero tenía el inconveniente de que el copy-paste era tan evidente que resultaba un desastre. Todos teníamos el mismo trabajo. Internet nos abrió todo un abanico de posibilidades, todo un mundo nuevo por descubrir, e infinito, donde la ley del mínimo esfuerzo, con un poco de esfuerzo, no era tan cantosa, el problema, es que corres el riesgo de que tu información recopilada no sera fiable…

Pero a lo que iba, creo que si no fuera por internet, muchos de los amigos que tengo ahora, no los podría haber podido conservar. Tal ritmo de vida llevamos todos, que al salir del colegio o al acabar los cursos de la universidad, nos hubiéramos acabado perdiendo el contacto, en cambio un email puede salvar todas las distancias. Tengo amigos que incluso no he visto en persona, esto antes era posible sólo con “pen pal” famoso, que nos proporcionaban en clase de inglés, y que en el fondo era una mezcla de cita a ciegas o un compro amigos porque eso era un sorteo, y encima tenías que pagar. Recuerdo que tuve un amigo griego, George Economou o algo así. Ël se lo curraba un montón, me mandaba cartas en un papel chulísimo. Una vez incluso me mandó un billete griego, y yo le mandé otro. Lo malo fue, que en aquel tiempo había pesetas, y lo mínimo eran 1000 pts como recordaréis, así que la bromita del griego me salió por un pico. Ahora no lo habría hecho ni loca.

Herramientas como Facebook o Tuenti incluso me han hecho retomar el contacto con gente de mi primer colegio incluso, gente perdida totalmente que sigue existiendo y que se acuerda de ti. Les añades, no les hablas, pero te hace ilusión saber de ellos. Pero lo que más nos  gusta a todos es ver el nivel de estupidez al que pueden llegar algunos. En el fondo nos encanta cotillear y ver como aquel niño bueno se ha convertido en un modernito insoportable, o la niña gordita de clase ahora está hecha una modelo, o fulanita se ha echado novio, o Rita se ha ido de Erasmus y no volverá. Es gracioso ver lo que te planteabas antes como sería, es como ver el futuro que te imaginabas en el pasado.

Como todo, supongo que saca lo bueno y lo malo de nosotros. Dicen que de un tiempo a esta parte, la fotografía ha sufrido un crecimiento exponencial, y la verdad es que estoy de acuerdo. Ahora hasta el más tonto tiene una Reflex, cuando antes nos conformábamos con una compacta rancia, incluso sin flash de carrete de 35 mm, con la que corrías el riesgo de que al volver de la excursión o el viaje, se te hubiera velado el carrete por no saber ponerlo bien. O justo en todas las fotos sales con el ojo pipa y no hay manera humana de volver a repetir ese instante. De todos modos, las máquinas de usar y tirar no estaban nada mal.

Y luego se me ocurre enseñarle a mi padre lo de Poladroid y le parece una ofensa. “Hija, antes llorábamos por conseguir una foto buena, con calidad, y colores buenos y odiábamos la Polaroid por lo cara que era y la m**** de fotos que hacía, y ahora me llegas tu, que te gustan las fotos estropeadas… no os entiendo”. Yo tampoco, pero lo retro está de moda.

Me gusta que los profesores me manden los apuntes por email.

Sales 2

Me encanta que en temporada logre encontrar producto en promoción a precios interesantes porque siempre suele haber algo que me gusta mucho. Y como en todo, tanto en rebajas como en temporada, hay que darle una oportunidad a todas las tiendas porque nunca se sabe lo que podemos encontrar.

Yo nunca deshecho la idea de pasar por la sección de niños de Zara. Gracias a mi cuerpo serrano de cintura para arriba, muchas cosas de la talla más grande de Zara Kids me vale perfectamente, e incluso me sobra. Es una alternativa a lo que vemos continuamente en las secciones habituales y en ocasiones, los precios no están nada mal.

Lo se, soy tan random escribiendo…

La adquisición que ha finiquitado el periodo de rebajas y por tanto, frenando el consumo masivo que he sufrido este mes, ha sido un blazer de tipo boyfriend comprado en Bershka. Como he dicho, es de esas cosas que no te esperas encontrar en una tienda como esa. Este año he entrado poquísimo, pero me dieron el chivatazo del famoso blazer y me hice con él. Es una revolución.

Me encanta, pero no sé cuándo podré estrenarlo. Hermanas!! Dadme ocasiones para estrenarlo!

Recuerdo como la sabia Carmeron, siempre nos avisa del peligro de la famosa esquinita de nueva temporada durante rebajas. Hay que decir, que este año no ha sido esquinita, sino media tienda… Recuerdo que habían fichado un precioso bolso joya-bombonera en Zara, de esos que te dices, mmm, bolso-inversión, lo guardo para las nietas. Pero no lo e di importancia, muy bonito si, pero no veía ocasión de poder lucirlo…

Hasta que… ring!! Febrero. Boda. Horror!!

Mis sabias asesoras me dijeron.. necesitas ese bolso. Y como no, no lo rebajaron, porque es de nueva temporada (?). Floja de mi, caí, justo en el momento en el que juré y casi firmé que no volvería a comprar nada hasta marzo (justo antes de comprar el Blazer de BSK). 40 euros de dolor, que espero se conviertan en alegría de todo lo que lo voy a amortizar (más te vale, hermana)

Por lo demás, encontré aquel bolsito que Cris y yo escondimos estratégicamente en una balda muy alta con fe de que algún dia volviéramos a por él. Y en uno de esos paseos rutinarios que me suelo dar, vi con horror que ya no estaba en su escondite (3 semanas después) pero si estaba en la esquina de complementos rebajados de H&M, esperándome con ojillos y una preciosa etiqueta de 50%. Así da gusto.

Encontré un pañuelo de leopardo super “vintage” en los armarios de mi madre… pa la saca.

 

Sales

Creo que hay dos maneras de afrontar las rebajas.

La primera, hacer lo que toda la vida hemos visto en el telediario que ocurre una preciosa mañana de 7 de enero y que conmociona al pais. Esperar cual loca desatada en la puerta de tu comercio elegido, preparada para coger todo lo que te suena que te gusta, sin mirar a penas tallas ni estado de la prenda en si, y si eres lo suficientemente rápida te ahorras 2 horas de cola. Todas tenemos en la cabeza la imagen marujil de las puertas de El Corte Inglés o en el pasado, de Galerías Preciados. Y tu ahora mismo te preguntas… haría yo cola en la puerta del CI? Yo se mi respuesta.

La segunda forma, la que yo creo que es la más inteligente, es esperarte calentita en tu casa, fichando por internet cosas que te guste y te esperas a las terceras rebajas, donde está todo a precio rata y con un poco de suerte, incluso zapatos de tu número. Siempre pasa que llegados a este punto, ya sacan cosas que tenían perdidas por los almacenes y que las locas del primer dia han devuelto y que estarán en tu poder a un precio muy razonable.

Yo solía ser de las del segundo caso, esperarme a las ultrarebajas y comprar básicos para la siguiente temporada o el siguiente invierno, y hacer acopio de zapatos molones a precios decentes. Pero este año he pecado, y he sido de caso 1 + caso 2. Cosa que os aseguro, que es una contradicción.

Si has conseguido algo chulo del primer dia y cometes el error de ir a las terceras rebajas, lloraras viendo como sigue quedando esa prenda y 3 veces más barata y ya no puedes devolverla, porque con las ansias has quitado la etiqueta y lo has estrenado. Mala suerte, hermana.

Ocurre también que te has gastado tal pastizal en las primeras rebajas, que te lamentas al llegar a las terceras de no poder invertir en básicos porque ya no te quedan ni 5 céntimos y te acuerdas de que tus cardigans que tanto usas, necesitan renovarse.

Si es que en el fondo estamos enfermas.